Del norte al sur de España en coche

Cualquier momento del año es bueno para coger el coche y lanzarse a la carretera, ya sea solo, en pareja o con amigos. Existen un montón de roadtrips ultra-conocidas que podemos hacer pero ¿por qué no probar algo nuevo esta vez?

Salamanca

Salamanca

Categoría Ciudades Consejos & trucos

Fecha 31/07/2017

Cualquier momento del año es bueno para coger el coche y lanzarse a la carretera, ya sea solo, en pareja o con amigos. Existen un montón de roadtrips ultra-conocidas que podemos hacer pero ¿por qué no probar algo nuevo esta vez? Llenemos el depósito de gasolina y salgamos a recorrernos España de norte a sur: un viaje que empezará en Asturias y acabará en la frontera con Marruecos. ¿Te animas?

Playa, sidras y  buena comida en Gijón

Gijon, Playa de San Lorenzo
Gijon, Playa de San Lorenzo

Empezamos nuestra ruta en coche en Asturias, en una de esas villas marineras que a todos enamoran: Gijón. La ciudad más poblada del Principado esconde multitud de secretos que la hacen perfecta para pasar varios días de nuestro viaje.

La primera parada en Gijón (o Xixón en asturiano) es el casco antiguo de la ciudad: Cimadevilla —o Cimavilla como dicen los locales—, un barrio marinero que estuvo en su día poblado por los astures.  Sus calles angostas y sus plazas están abarrotadas de restaurantes, bares y, sobre todo, sidrerías antiguas y modernas que atraen a jóvenes y mayores de toda Asturias. Durante las noches de verano —y también los fines de semana de invierno— es indispensable visitar la plaza del Lavaderu, donde encontraremos una sidrería con el mismo nombre en la que podemos picar unas patatas al cabrales, un chorizo a la sidra o unos chipirones, tomarnos una buena fabada o pote asturiano o comer un buen menú del día, con sidra incluida, por apenas diez euros.

Tras el paso por la sidrería subimos las cuestas de Cimadevilla hasta llegar al Cerro Santa Catalina, bañado por el mar Cantábrico, con búnkeres de la guerra civil bajo la hierba y coronado por el monumento de Eduardo Chillida símbolo de la ciudad: el Elogio del Horizonte. Dicen que si te colocas en el centro del monumento completamente quieto puedes escuchar el sonido del mar en toda su plenitud, como si te encontrases nadando en lo más profundo del océano. Llueva o haga sol, esta es una visita imprescindible.

Antes de abandonar Cimadevilla podemos visitar la casa natal de Jovellanos —ministro ilustrado e hijo predilecto de Gijón—, el museo de las termas romanas o el palacio de Revillagigedo. Salimos del barrio de pescadores para pasear por la playa de San Lorenzo, el paseo de El Rinconín y llegar a La Providencia, un cerro desde el que se puede observar el skyline de Gijón y el mar Cantábrico en toda su bravura. Si nos queda tiempo, podemos acercarnos al edificio más grande de toda España, el centro cultural La Laboral; al Jardín Botánico Atlántico, en el que, durante las noches de verano, hay representaciones teatrales de mitología asturiana; o al estadio de El Molinón, hogar del Sporting de Gijón. Después de probar la sangría de sidra en cualquier bar o sidrería de la ciudad y de haber saboreado las tapas gratis que la acompañan —allí llamadas pinchos—, ya estamos preparados para conducir hasta nuestra próxima parada en el camino.

Salamanca, ciudad medieval

Vistas a Salamanca
Vistas a Salamanca

La ciudad universitaria por excelencia española es, también, una de las que más historia y secretos esconde. Más allá de las leyendas sobre tunos asesinos y calles y facultades encantadas, Salamanca posee un centro histórico declarado Patrimonio de la Humanidad en el que destaca la conocidísima catedral del siglo XII, una mezcla de estilo románico, gótico, renacentista y barroco que no se encuentra en todas la ciudades. Sin embargo, lo que más llama la atención de este edificio son los detalles de su fachada: podemos encontrar un astronauta —incorporado en el 92 cuando se restauró—, un dragón comiendo un helado de tres bolas, un lince, un toro, un cangrejo, una cigüeña y una liebre. Cualquier visita a Salamanca que se precie requiere de un par de horas frente a la catedral para buscar los animales que se han colado en sus piedras.

Después de la catedral vienen la casa de las conchas y las universidad, otros edificios históricos que contienen dibujos peculiares en sus fachadas y techos. En la universidad, por ejemplo, es imprescindible buscar —y encontrar— la calavera con la rana encima y no nos podemos ir de la casa de las conchas sin haber contado el número de conchas que decoran su fachada. Tras todo esto, y antes de continuar nuestra visita por Salamanca, podemos tomarnos un helado artesano —o un chocolate caliente con churros si vamos en invierno— en uno de los establecimientos más antiguos de la ciudad, el café Novelty en la plaza Mayor.

Ya solo nos queda visitar dos imprescindibles salmantinos: la Cueva de Salamanca y el Huerto de Calixto y Melibea. La primera es una antigua cripta subterránea del siglo XII retratada por Calderón de la Barca y Cervantes donde, según cuentan las leyendas, el mismísimo Lucifer daba clases a sus discípulos disfrazado de sacristán. Situada en mitad de la muralla antigua de la ciudad, la cueva es escenario de representaciones teatrales, conciertos y muchas historias de terror.

Por su parte, el Huerto de Calixto y Melibea es también un lugar literario pero menos tétrico que la cueva. Estos jardines románticos de inspiración árabe es el lugar de encuentro de los protagonistas de La Celestina, Calixto y Melibea. Esto hace de este huerto el escondite favorito de los enamorados salmantinos y una visita obligada para los turista que, además, pueden ver desde él una panorámica de toda la ciudad.  

Las Lagunas de Ruidera, el oasis de Castilla La Nueva

Lagunas de Ruidera
Lagunas de Ruidera

 

Entre las provincias de Ciudad Real y Albacete se esconde un humedal, secreto para muchos, que se alza como un verdadero oasis en medio de un paraje bastante seco. Una breve parada en nuestro camino para relajarnos un poco, bañarnos en las lagunas y disfrutar de la tranquilidad que ofrece este lugar. El parque natural está compuesto por quince lagunas de diferentes tamaños en las que se ofrecen diferentes zonas de baño, actividades y deportes acuáticos acompañados de chiringuitos con pollo asado, migas manchegas, pisto y buen vino.

Las Lagunas de Ruideras no solo tienen aguas azul turquesa o rutas de senderismo, sino que esconde joyas históricas retratadas en el Quijote. Durante nuestra visita podemos visitar la cueva de Montesinos, donde un guía nos contará historias del famoso hidalgo de La Mancha, o las ruinas del castillo de Rochafrida, otro lugar que aparece en la novela de Cervantes y que, además, es una de las construcciones árabes más llamativa de la región.

Un ferry de Algeciras a Ceuta

 

La Bahia de Algeciras, Gibraltar
La Bahia de Algeciras, Gibraltar

Para acabar nuestra ruta por España nos bajamos al sur. Algeciras y Ceuta serán nuestras últimas paradas en este roadtrip tan peculiar. Sí, sí, hemos dicho Algeciras. Es verdad que es una de esas ciudades andaluzas que no solemos visitar cuando recorremos la comunidad autónoma pero, aunque pocos lo sepa, también tiene sus encantos.

Pasear por Algeciras nos hará volver a Al-Andalus o adentrarnos de lleno en la música de Paco de Lucía a través de diferentes rutas que la ciudad ofrece. Además, los amantes de la naturaleza pueden disfrutar de varias rutas naturales con nombres muy sugerentes como la del río de La Miel, la Garganta del Capitán, la Senda de los Prisioneros o el Bosque de la Niebla. en las que encontraremos cascadas, ríos, arroyos, vegetación e increíbles vistas al mar. Es más, los más intrépidos pueden acercarse al faro de Punta Carnero, construido en pleno siglo XIX, que ilumina calas paradisíacas y acantilados de vértigo.

Después de la breve pausa natural en Algeciras cogemos el ferry hacia África, donde nos espera la ciudad española más multicultural que existe: Ceuta. Más allá de las series de televisión que nos pintan sus barrios, la ciudad fronteriza con Marruecos está llena de historia y gastronomía. Lo primero que podemos visitar es la muralla, conservada en perfecto estado, y su fosa navegable, un resquicio medieval que mezcla arquitectura árabe, mozárabe y romana, entre otras.

Además, Ceuta es una de esas ciudades hechas para perderse en ellas: pasear por sus calles es como viajar a través del tiempo y las culturas. En el centro nos encontramos con la Casa de los Dragones, con una fachada decorada desde principios del siglo pasado con estos seres mitológicos; la puerta —literalmente plantada en medio de una plaza— del antiguo Hospital Real o un templo hindú abierto a todo el mundo. Todo ello acompañado por una gastronomía que mezcla la comida española y la marroquí, que se puede encontrar, por ejemplo, en el Mercado de Abastos, y bañado en la famosa cerveza artesanal del Ceuta Star.     

Publicado originalmente

31/07/2017